Tradwife, una contra respuesta a la cuarta ola del feminismo u otro síntoma de las diferentes crisis que vivimos.
Durante la década de 1950 los comerciales, propagandas y medios de comunicación, apuntaban a un ideal de mujer que se enfocara nuevamente en las tareas del hogar y de cuidado, ofreciendo soluciones en electrodomésticos que hicieran más sencillas estas labores y brindaran la posibilidad de permanecer menor tiempo en estas ocupaciones feminizadas por siglos, con afán de brindar tiempo de óseo a estas mujeres abnegadas. Eran bombardeadas de imágenes de cocinas con estéticas modernas, funcionamientos simples, donde solo restaba sentarse a hojear una revista o bien, ocuparse del cabello para esperar espléndida al marido.
Pero, qué pasó antes de esta década. Durante la segunda guerra mundial las mujeres habían sido llamadas a cubrir los puestos fabriles que quedaron vacíos porque los hombres debían ir al frente, pero cuando la guerra llegó a su fin, se produjo una intensa presión social y mediática para desmovilizar de los puestos laborales a las mujeres a fin de que regresaran al hogar y los soldados al trabajo.
Por entonces el feminismo de la "segunda ola" comenzaba a gestarse, rezando lemas como “lo personal es político” o incendiando corpiños, promulgando liberación femenina, libertad de elección, desarrollo personal, etc. Mientras muchas amas de casa defendían activamente su rol tradicional, un fenómeno que sentó bases para futuros movimientos conservadores. En la serie “Mrs American” una escena muestra un grupo de estas mujeres conservadoras llevando pan y mermelada casera al congreso para hacer lobby contra las presiones de las feministas que luchaban por la ratificación de la enmienda por los derechos y la igualdad. Una nota en el presente que entregaban decía “Para los que se ganan el pan de parte de las que lo hacen”. Esta era la tensión de la época, una puja centrada en el rol de la mujer, por un lado, el replegarse a modelos tradicionales como respuesta a una posguerra que había demostrado que las mujeres podían ocupar puestos de todo tipo y desempeño, después de haber usado su fuerza laboral durante los años se les exigía volver a un modelo anterior, de infantilización, de dependencia, de sumisión.
Durante esta década tres hechos marcaron el rol de la mujer, uno fue la idealización doméstica, los medios, la publicidad y la cultura en general exaltaban a la ama de casa perfecta, dedicada, elegante, obediente, servicial, centrada exclusivamente en la atención el marido y el hogar. Otro hecho fue la presión social, ya que se esperaba que las mujeres encontraran su máxima realización en el matrimonio, la crianza, incluso casándose más jóvenes que en décadas anteriores. El tercer hecho es la mística femenina, según describe Betty Friedan se creó la falsa creencia de que la verdadera feminidad consiste en un conglomerado de discursos y presupuestos tradicionales que obstaculiza el compromiso intelectual y la participación activa de la mujer en su sociedad. Esta infelicidad oculta en las amas de casa por responder al mandato social, Betty lo llamó “el problema que no tiene nombre”.
Si solo fuese una estética, solo mujeres perfectas, sería más de lo mismo que nos vende el capitalismo, pero además está la servidumbre como estilo de vida, la cuestión actitudinal: la fundy baby voice, de la instagramer Roro, por ejemplo, todo es un sin fin de exigencias puestas a decirnos a las mujeres cómo debemos ser y actuar. Pero es más complejo. No se trata del analisís superficial y simple, sino bastaría con decir "las tradwife están mal" y la intención no es juzgar, sino entender.
Desde la infancia nos inculcan a través del juego que seremos las encargadas del hogar, las amas de casa, las educadoras. Jugamos con bebes y cocinitas. En 1954 la Warner Bross sacaba la serie de dibujos animados "Wild Wife" donde una nujer resolvia todo y aun así era regañada por su marido. La frase “eso que llaman amor es trabajo no pago”, acuñada por Silvia Federici, se convirtió en un emblema para el feminismo. Y rompe con una estructura social en donde “eso que sostiene la economía” también está hecho de la labor silenciosa de miles de mujeres durante siglos.
Las luchas feministas lograron sentar las bases de un activismo que, aunque tuvo subidas y bajadas, permaneció latente en las sociedades del mundo. Entre el 2017 (estimativamente) al 2020 se produjo lo que hemos considerado llamar cuarta ola del feminismo, luchas como el NUM, el Mee-too, la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, etc. Inscribieron en los sectores más progresistas, o quizá los sectores progresistas fueron los que inscribieron en el feminismo, una corrección política sesgada y bastante persecutoria, de señalamientos y, cuando no, de guerra de los sexos. La falta de referentes claros, el caos mediático, entre otras cosas, lejos de acercarnos a prácticas feministas, (ya que no considero que se pueda ser punitivita o clasista y feminista al mismo tiempo), fueron las que generaron como contra respuesta, un repliegue a lo tradicional, al conservadurismo, quizá. Aun hoy seguimos abriendo este debate.
La historia, en general, suele tener estos movimientos, frente una gran avanzada luego surge en respuesta movimientos más conservadores. Sin embargo, no fue culpa del feminismo la aparición de las nuevas derechas, de algún modo estaban agazapadas esperando el momento indicado, cuando encontraron su cauce en redes sociales y al estar emparentadas desde lugares sin corporalidad, se les hizo fácil y hasta provechoso hacer un llamado universal a correligionarios bajo preceptos arcaicos y retrógrados, pero sobre todo siguiendo los lineamientos de lo que Susan Sontag denomina el “fascinante Fascismo” y su estética atrayente y atractiva.
Entonces, dónde entran las tradwife en todo este menjunje. Bien, no dejan de ser otro repliegue como respuesta a un movimiento feminista que fue, considerándolo a grandes rasgos, el más potente del siglo en transcurso.
Sin embargo, podemos marcar diferencias bastante específicas con las mujeres de los años 50. Ya que estas eran mujeres abnegadas que no podían potencializar su trabajo doméstico desde ningún aspecto, En cambio, las nuevas tradwife, son instagramers, tilktokers o incluso algunas, youtubers, y responden a modelos de monetización de la vida. Entonces, podemos considerarlas mujeres que, si bien están casadas con trabajadores de cuello azul, como el caso de Aria Lewis, generan ganancias, rompen el cerco “mediático” de la propia vida aislada o intrafamiliar, para “conducir” a otras mujeres a ideas conservadoras, antifeministas, etc. El día que Phyllis Schlafly se puso a luchar por defender los roles tradicionales de la mujer, se corrió del rol tradicional de la mujer, volviéndose parte de lo odiaba, tal como en el cuento de la criada, Serena Joy, ocupar un rol en la trasformación social potencia la valoración personal y es muy difícil volver al calor del hogar a servid y doblegarse ante una autoridad que debería ser un par.
Dedicar tiempo a cuidar el hogar, la crianza o brindarle atenciones al marido son siempre una elección, sin embargo, no creo que un grupo de mujeres conservadoras peleando contra el feminismo sean algo a tomar en cuenta como “peligroso”, como se las menciona en varias notas locales, todo movimiento tiene su contracara, es hasta sano en una sociedad, ahora bien, si existe un peligro y es en la estética perfecta y la monetización de la vida lo que se reproduce incontables veces en los celulares de niñas que crecerán pensando que la vida es esa, una pantalla ficticia de lo real, la sobre exigencia irrisoria del cumplimiento de un montón de patrones, aptitudes y desempeños para ser la esposa perfecta, la madre perfecta, la mujer ideal. Pero esto no es un problema solo de las tradwife, ya hemos visto en nuestras redes el constante bombardeo de figuras fitnes o figuras que nos couchean para tener voluntad inquebrantable a conseguir objetivos de exitismo y superioridad, apuntando a valores que están muy cerca de “la triada oscura” (Paulhus y Williams) : El deseo de poder ilimitado, la ausencia de culpa, y la priorización del ego sobre el bienestar común. Esta tendencia no es nueva, comenzó en los albores de principio de siglo con la cultura new age y los muchos libros de autoayuda, pero ese es otro cantar, hoy no hacen falta libros, las redes están llenas de gente joven mostrando sus vidas perfectas a gente imperfecta, mostrando sus consumos altos a gente de escasos recursos, gente hegemónica tirando tips imposibles para gente que lleva una vida que no condice con esos estándares de vida.
Ahora que somos libres para hacer lo que querramos, nuestra libertad está rebotando contra las cuatro paredes de una falsa idea de autodisciplina. La perfección, siempre está de moda.
Serie animada WILD WIFE
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