Mi cuerpo es mío, yo decído. Rezaban banderas y carteles cuando fue la marea verde. Yo venía militando el aborto desde antes de considerarme feminísta (aunque tarde pocos meses en darme cuenta). Cuando estalló la marea verde la felicidad era total, nos sentíamos plenas y confiadas de estar ganando una lucha que nos había hecho poner el cuerpo, las ganas, las energías y el sentido por tanto tiempo y con postergaciones personales, que no pudimos, ni supimos como imaginar qué hacer con tanto capital construido y desbordado. Pero a mi, en silencio "mi cuerpo es mio, yo decido" me hacía ruido. Un ruido desde la individualidad. No me interesaba definir sola. Yo quería políticas de salud colectivas. Yo me sentía hermanada y no se trataba de lo que a mi me pasara sola. Sino lo que nos pasaba a todas. Pero era un momento de levantar consignas y avanzar. En el 2020 la frase fue tomada por el movimiento antivacunas y me cayeron todas las fichas de golpe. Estaba claro que una politica d...