sobre
subjetividad, redes sociales, feminismo contemporáneo y horizontes de futuro.
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Desde una Mirada sociológica, es posible abordar como las redes sociales operan como un mercado digital donde la exigencia de cuerpos hegemónicos funciona como un engranaje de consumo, control y retroceso social. Las plataformas digitales transformaron la imagen de las mujeres en productos de consumo rápido.
Sólo las diosas hindues tienen tantos brazos para poder con todo. Nosotras somos humanas.
El mercado de las redes sociales:
• Góndolas digitales: Los algoritmos exhiben cuerpos hiper-hegemónicos como si fueran productos en oferta permanente.
• Baja autoestima: La comparación constante genera inseguridad en las usuarias.
• Influencia y consumo: Una persona con baja autoestima es más vulnerable a comprar productos, dietas o servicios para 'alcanzar' ese ideal imposible.
• Retribución patriarcal: Este sistema ofrece a los varones una ilusión de acceso infinito a la validación visual y a mujeres estereotipadas.
El retroceso impulsado por las nuevas derechas:
• Reacción conservadora: El avance de discursos de la nueva derecha cuestiona y debilita las conquistas históricas del feminismo.
• Desinflación de derechos: Se promueve un relato que ridiculiza la equidad y rescata roles tradicionales o sumisos.
• Discurso meritocrático: Se culpa a la mujer individualmente si no logra 'triunfar' en este entorno hostil.
La doble exigencia actual:
• Supermujer obligatoria: Hoy se le exige a la mujer ser profesionalmente exitosa, independiente, estéticamente perfecta y además emocionalmente disponible.
• Agotamiento sistémico: Esta suma de presiones genera frustración crónica y aísla la posibilidad de una resistencia colectiva efectiva.
Este agotamiento sistémico ha sido
profundamente teorizado por diversas sociólogas, filósofas y ensayistas contemporáneas:
1. Eva Illouz (Socióloga
franco-israelí): En obras como 'Por qué duele el amor' o 'El capital
sexual', explica cómo el mercado moderno ha transformado el valor de las
personas en una mercancía visual. Las redes sociales funcionan como un mercado
de competencia feroz donde las mujeres se autoevalúan según su atractivo,
generando una ansiedad crónica denominada 'capitalismo afectivo'.
2. Nuria Varela (Escritora y periodista
feminista española): En su obra 'Cansadas. Una reacción feminista frente a
la nueva misoginia', examina cómo la supuesta igualdad sobrecargó a las mujeres
con triples jornadas (laboral, doméstica y de cuidado) mientras enfrentan un
perfeccionismo estético imposible de sostener.
3. Lala Pasquinelli (Artivista y
ensayista argentina): Creadora de 'Mujeres que no fueron tapa'. En su libro
'La estafa de la feminidad' (2024), sostiene que la exigencia estética funciona
como control político: mientras las mujeres gasten su tiempo, dinero y energía
en encajar en el molde digital, tienen menos fuerza para organizarse y luchar.
4. Nancy Fraser (Filósofa política
estadounidense): En '¡Manifiesto de un feminismo para el 99%!', explica que
el capitalismo sufre una 'crisis de reproducción social'. Exige que las mujeres
sean exitosas en el mercado laboral pero destruye las redes de apoyo para
sostener la vida, provocando un colapso de cuidados.
5. Angela McRobbie (Socióloga cultural
británica): En 'The Aftermath of Feminism', describe cómo la cultura
meritocrática privatiza el fracaso. Si una mujer se siente infeliz o estresada,
el sistema le dice que es su culpa por no esforzarse lo suficiente.
Un puente conceptual: Byung-Chul Han y
el sesgo de género
Aunque acuñó el término 'La sociedad del cansancio' para la autoexplotación
general, el feminismo corrige que este cansancio no es neutral. En las mujeres,
el imperativo se duplica: deben ser la trabajadora perfecta, la madre perfecta
y el producto de góndola estética perfecto.
Tanto Pasquinelli como Fraser
coinciden en que el sistema actual extrae la energía vital de las mujeres para
sostenerse.
La crítica de Lala Pasquinelli: La
belleza como dispositivo de control político
• La trampa del 'empoderamiento' cosmético: Someterse a intervenciones o
rutinas extremas se vende bajo la etiqueta de 'amor propio' o 'decisión libre'.
Es la estafa de la feminidad.
• El costo de oportunidad: Su tesis central es que la belleza neutraliza la potencia
de las mujeres. Consumir horas y dinero en encajar quita claridad mental y
tiempo para la organización política.
• La fábrica de la baja autoestima: Las redes necesitan usuarias inseguras. Una
mujer conforme con su cuerpo no consume la industria estética de forma
desesperada.
El enfoque de Nancy Fraser: La crisis de
reproducción social y el feminismo corporativo
• La crisis de la reproducción social: El capitalismo necesita de los
cuidados (parir, criar, sostener emocionalmente) pero obtiene este trabajo de
forma gratuita o precarizada.
• La doble carga del 'Feminismo Liberal': El feminismo corporativo dice que el
éxito es ganar un lugar en los directorios corporativos. Esto exige
hiperproductividad laboral sin resolver quién cuida, provocando un colapso.
• El agotamiento estructural: El capitalismo actual es caníbal; devora las
bases afectivas y sociales que necesita para subsistir.
El punto de encuentro entre Pasquinelli
y Fraser
Fraser muestra que el sistema exige
ser una profesional perfecta en un mundo sin red de contención económica.
Pasquinelli muestra que, además, se debe lucir un cuerpo perfectamente
hegemónico en la góndola digital. El resultado es la parálisis por agotamiento.
Para imaginar un futuro —que no sea una
distopía de pantallas y soledad, sino ese espacio de resistencia y belleza
colectiva como la cineasta Lucrecia
Martel suele evocar al invitarnos a suspender el automatismo y recuperar la
escucha a imaginar un future no distópico— es necesario fundar una utopía
basada en la desaceleración, el arraigo afectivo y el cuerpo comunitario.
1. Desconectar la góndola: El derecho a
la opacidad y a la imperfección
• Cuerpos que habitan, no que se muestran: Un mundo donde el valor de un
cuerpo esté en su capacidad de sentir, abrazar o descansar, y no en su
rendimiento como imagen.
• El fin de la autoevaluación: Desmantelar la cultura del 'like'. Romper el
espejo digital para volver a mirarnos a los ojos.
2. Del individuo soberano a la
interdependencia radical
• Comunidades de cuidado: Redes donde la crianza, el alimento y la vejez se
sostengan de forma colectiva.
• Hacer tiempo: Arrancarle horas al mercado 24/7. El verdadero lujo del futuro
será el tiempo libre compartido.
3. Un feminismo del 'en común' (Superar
el fracaso liberal)
• Menos discursos en redes, más asambleas en los territorios: Volver a la
potencia de lo físico, tejiendo lazos que la virtualidad no puede hackear.
• Politizar el malestar: Convertir el agotamiento en una demanda colectiva en
lugar de una culpa privada.
4. La recuperación del sentido: Una
mística de lo cotidiano
• Volver a lo analógico y lo local: Recuperar los saberes manuales y la
soberanía contra las corporaciones tecnológicas.
• El afecto como trinchera: En un mundo hostil, la ternura se vuelve el acto
político más radical.
El horizonte del sueño
Este futuro no es una fantasía de ciencia ficción; se siembra hoy en los márgenes del sistema. Es un mundo donde las mujeres ya no están 'en oferta' en ninguna góndola porque han decidido bajarse de ella para sentarse en ronda. Un mundo donde el éxito no se mide por lo que acumulás o por cómo lucís, sino por la red de seguridad afectiva que te sostiene cuando caés.
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